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La crisis de contenidos que predican las Industrias Culturales revelan, no sólo, la necesidad de un cambio de negocio, sino también la necesidad de reestructurarlas.

Cada vez más personas publican contenidos (con o sin protección de copyright) sin necesidad de pasar por el intermediario. Esto revela claramente que no es estrictamente necesario someterse a los contratos de las Industrias para poder existir. El proceso económico que las grandes empresas (porque las Industrias Culturales no dejan de ser empresas…) de la cultura han llevado a cabo durante años está agotado.

La Industria ha intentado confundir cultura con producto. Este modelo económico se extingue cuando cualquier persona puede crear cultura, editarla y publicarla como un profesional. La consecuencia inevitable es el desprestigio o la pérdida de valor del concepto tradicional. Aun así, perdura todavía el prestigio de los formatos físicos tradicionales. Publicar en papel sigue siendo más importante que en digital – si bien esto va camino de extinguirse.

¿En qué consistiría la re-estructuración? En la liberación real de los productos, en otorgarle al autor la capacidad de decidir sobre su obra, en la eliminación de productos que son exclusivamente económicos. Cada día los ciudadanos tienen más fácil acercarse al producto que desea, y del mismo modo los autores tienen más facilidades de acercarse a su audiencia potencial.

El intermediario puede que llegue a su fin. Cuando los costes llegan a cero, la venta de un producto la puede realizar directamente el autor, con la colaboración directa de sus seguidores y de su público potencial.

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