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Llegaba apurado a las 18:00 a la Farola de Príncipe, cámara de fotos en mano y con el móvil recién cargado (preparado para twittear). El ambiente, tranquilo.

Me sorprendió, a bote pronto, la ausencia de banderas e insignias. La gente estaba en pequeños grupos charlando tranquilamente. A las 18:10, un megáfono dio la señal de partida. El indignado explicó que la manifestación recorrería la calle del Príncipe hasta La casa del libro, tomaría Policarpo Sanz, bajaría por Colón y llegaría por Montero Ríos directamente a la delegación de la Xunta en Vigo (en el puerto).

En este punto, banderas y pancartas comenzaron a desplegarse. La tónica general: anticapitalismo, comunismo, una bandera pirata y otras con reivindicaciones clásicas como el derecho a la vivienda o a una vida digna.

La señal de partida estaba dada y los manifestantes comenzaron a recorrer la calle del Príncipe. Es difícil saber cuánta gente acudió a la manifestación, pero bastante más de la esperada.

Sin mayor problema, los manifestantes recorrieron la calle del Príncipe al ritmo de consignas como “Urdangarín, traballa en Burguer King” “Marichalar, traballa en Pizza Hut” y otros himnos reivindicativos.

Tomaron la bajada hacia una famosa librería de Vigo, por la calle Velázquez Moreno. Por primera vez, las consignas se dividían y se dividían en dos grupos: el tamaño de la manifestación impedía a los de la cola escuchar las reivindicaciones de los primeros.

El cruce con Policarpo Sanz se complicó, pues el tráfico no estaba cortado. Los manifestantes comenzaron a emitir pitidos y silbidos mientras invadían de forma ordenada la carretera. Los coches y autobuses se arrimaban a la acera para permitir el paso e intentar continuar su camino.

La manifestación continuó tomando Colón sin mayor problema, al igual que en la anterior ocasión, los coches se apartaban y cambiaban su rumbo. En este caso, un coche de la Policía Local apareció para reconducir el tráfico y así evitar problemas entre manifestantes y conductores.

A partir de aquí, la recta final, consignas contra el PP, contra la Conferencia Episcopal, contra la monarquía. Camareros y ciudadanos que disfrutaban de un refrigerio se sorprendían al paso del grupo. Sin ninguna violencia, el acto menos legal lo llevó a cabo un clásico hippie que dedicó una pintada al Concello en el suelo.

A la llegada a la Xunta, la coordinación pidió que se liberaran tanto Montero Ríos como Colón para evitar que la policía pusiera problemas. Se leyó un manifiesto, dónde se expresó la necesidad de un cambio en las políticas económicas sociales y políticas y se le echaba la culpa de la crisis al capitalismo. Tras la lectura del manifiesto, se sucedieron una serie de intervenciones en micrófono abierto que dejé recogidas en los siguientes tweets.

Tras las intervenciones, el micrófono volvió a la coordinadora, quién agradeció la presencia de los manifestantes y pidió que en la próxima convocatoria, cada persona trajese a cinco amigos más para hacerla más numerosa. Un estruendoso aplauso sirvió de despedida, yéndose los manifestantes tranquilamente de la Xunta de Vigo sin causar ningún incidente.

Jorge Bravo Fernández

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