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Picasso. Ese mujeriego, hay quien dice que misógino, bebedor (quién sabe si de absenta), cubista y surrealista. Disculpen la tautología.

Corría el año 1911. Picasso llevaba ya unos años en París (desde 1904 de forma definitiva), en contra de la opinión de su padre, el olvidado Ruiz, probando fortuna como pintor modernista y postmodernista, siguiendo la estela en el Montmartre como otros tantos. Entre sus amigos, los de cualquier joven de su edad, Apollinaire, Matisse o Leo Stein. En 1907 sorprendía a sus amigos con Las señoritas de Avignon, y de ahí el despegue hacia el hermetismo, el cubismo más deconstruido, más perfecto. Y el más olvidado.

Decía que era mujeriego, y bebedor (qué joven no lo es). Eva Gouel había conquistado el corazón del joven Picasso, o más bien su brillante personalidad la había embaucado a ella -quién sabe. Picasso frecuentaba los espectáculos nocturnos del París de la época. Entre absenta y absenta había tiempo para disfrutar de la música.

Harry Fragson era un músico ya maduro, de 42 años. Aunque nacido en Londres, decidió probar fortuna en los music hall parisinos. Fue así como Picasso, y la gente de la época, conoció la Dernière Chanson. Esta canción, principalmente de amor, contenía un estribillo pegadizo que se extendió por toda la ciudad. Oh, ma jolie. Picasso, enamorado, comenzó a llamar a Eva Gouel ma jolie. También le pintó un cuadro, en su época más hermética, la más cubista. Entre los difusos planos que nos muestra, alcanzamos a leer Ma Jolie.

Ma Jolie, dedicada a Eva Goeul

Si el lector es un poco curioso, puede que se esté preguntando cómo era la canción. Me hice la misma pregunta hace 5 años, cuando conocí el cuadro. No pude obtener respuestas. Parece que la música popular del año 1911 es bastante difícil de encontrar. Así que, apenado, abandoné la búsqueda. Pero el año pasado, por carambolas o quién sabe si designio, me encontré con una fonoteca francesa. Probando y probando, aparecieron Harry Fragson y su Dernière Chanson. La conexión con aquel bar fue casi instantánea.

Ya no te torturo más, lector. Si has llegado hasta aquí, mi recompensa.

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