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Romance de la lluvia

I

Aún sonaba la llovizna

en las calles y aceras,

una gota en tu sonrisa,

el sol en tu melena.

Fue el rumor, quizás aciago,

el sonido, el momento,

cualquier recuerdo pasado,

fue una nube de invierno.

El relámpago fue fugaz,

el trueno sonó certero,

tu paraguas voló, roto,

tu pelo empapado, negro.

La calle brilla húmeda,

de un olor a piedra intenso,

tus pies nadan entre charcos,

tu piel esconde un secreto.

Tu melena silba al viento,

tu mirada es negra y fiera,

ojos en el firmamento,

pensamientos e ideas.

Caminas leve y siniestra,

te acercas al suelo y luego

te caes sobre tu espalda

un rayo destroza tu ego.

La lluvia cesa su empeño,

el sol regresa eterno.

Nada cambia en este ritual,

todo debe ser perpetuo.

II

Caminas por tus recuerdos,

la luna blanca, tu espejo.

Tu piel está ahora desnuda,

mientras revela el secreto.

Los ojos, siempre, incrédulos

destruyen tu rostro ávidos

y tus pechos se hinchan, húmedos,

 tus piernas frías, tus labios,

son nieve fría que esconden

claras eyaculaciones.

Los ojos se tornan cristal.

Las palabras son razones.

El silencio de la plaza,

el ruido del cielo negro.

La lluvia en tu rostro cae,

tus dedos parecen muertos.

Gritos que invaden la plaza,

hay paz, silencio en el cielo.

 Los enfermeros y médicos,

recogen rápido el cuerpo.

Tu melena negra, labios,

el fruto vivo en tu cuerpo,

todo debe cambiar, para

que todo parezca un cuento.

Todavía está la lluvia

en las calles y aceras,

una gota en tu sonrisa,

el sol en tu melena.

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