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El periodismo siempre ha estado en crisis es una frase habitual en un aula de Ciencias de la Comunicación. Un oficio que, históricamente, esclaviza al periodista que, a veces, está bajo las órdenes de un jefe con una posición sobre el medio opuesta al de los redactores. Al pisar una redacción el clima se entiende más facilmente. Los más veteranos, que vivieron la conversión tecnológica, recuerdan todavía salir de la redacción a las 3 de la madrugada. Aunque como algunos me han confesado, por gusto. La redacción es el centro de llamadas, rumores y últimas horas. Los periodistas tenemos el síndrome del mono de la actualidad, y algo que sucedió ayer ya no vale. La redacción es por excelencia la verdadera casa de un juntaletras.

De aquellas lluvias, estos lodos. La llegada de Internet tiranizó aun más esa adicción por lo último, lo más nuevo. La última hora pasa a ser el último segundo. Ya no se prioriza por la importancia de una noticia sino por cuándo ha sucedido. Los medios más tradicionales entienden Internet como un Leviatán al que alimentar, si es posible 24×7, para así garantizar que se da toda la información en el instante que sucede. El lector cae en la trampa y se deja tiranizar. La velocidad elimina progresivamente la calidad. Textos de agencias con copia y pega, análisis rápidos y sencillos, redacciones raquíticas y turnos de 12 horas convierten el arte de informar en un ejercicio notarial que no necesita del trabajo de un periodista cualificado. Se salvan, parcialmente, los periodistas de páginas, los que todavía escriben para el papel. Encargados cada uno de ellos de elaborar una o dos páginas del medio, elaboran informaciones a la velocidad de la luz y rellenando huecos con la ayuda del teléfono y un buscador de Internet.

Esa visión romántica del periodismo que lleva cada año a cientos de jóvenes a entrar en la carrera, es un espejismo para muchos redactores. Solo los medios más grandes se pueden permitir periodistas que trabajen en libertad, con una agenda temática libre. Con empresas e instituciones controlando la información que se emite, a través de comunicados de prensa o entrevistas pactadas, el periodista se encuentra con más facilidades para cubrir muchas informaciones (algo obligado tras las olas de despidos en todos los medios) en el menor tiempo posible. Si estás pensando en estudiar periodismo, olvídate del Watergate y del Washington Post. La realidad es otra

Quedan grandes periodistas. Y sobre todo muchas ganas de hacer buen periodismo. Quizás, cuando la situación mejore, cuando los dinosaurios que dirigen las empresas informativas sean relevados, todo empiece a cambiar un poco. Pero, tras esta crisis, vendrá otra. Cuál es un misterio.

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